EVENTO EN GUICHÓN:

UNA DEUDA SALDADA.

Escribe: Gabriel Fernández

Estos últimos meses han sido especialmente desafiantes para Proyecto America. Aún  estábamos en Pisco, Perú, cuando nos llamaban de la ciudad de Durazno, en Uruguay,  pidiéndonos ayuda por la cantidad de damnificados por las inundaciones. Era casi principios de  Septiembre cuando eso, y para los primeros días de Noviembre un grupo de alrededor de 300 voluntarios estábamos sirviendo en esa ciudad. La cantidad de gente, logística y recursos que envuelve un evento, y la realidad de que cada vez es más difícil obtener esos recursos, nos hacía pensar que debíamos postergar lo que llamamos el evento nacional en Uruguay, ya que Durazno no estaba en nuestros planes. Sin embargo, Dios tenía otro pensamiento. Para mediados de Diciembre Joaquin estaba trabajando para cumplir la tan esperada promesa de realizar un evento de PA en su ciudad, que siempre había participado en tantos otros lugares, con una representación significativa. No había cómo decir que no, así que nos ajustamos los pantalones, rompimos la chanchita (alcancía) y a trabajar.

 Photo by: Faculuz Fotografía (www.faculuz-fotografia.com)

Así surgió Guichón. Con apenas mes y medio de preparación, en medio a una situación nacional de emergencia por las voluminosas lluvias que causaron inundaciones en varias ciudades del país, lo que hacía que nadie quisiera dar una ayuda para esa ciudad, ni siquiera las propias autoridades locales, que estaban concentradas en la situación antes mencionada. 

Con un equipo de voluntarios que en los últimos cinco meses habíamos tenido dos grandes desafíos, que habían significado un esfuerzo económico muy importante para todos, además de los días utilizados. Pero Guichón nos llamaba como llama un amigo que siempre estuvo a tu lado, y ahora te necesita. La ciudad que nos regaló gente como Joaquin y todo su equipo, ahora esperaba que esa ayuda que tanto habían ofrecido, les llegara a ellos. Y llegó. Es que hay una especia de obsesión en nuestra gente de no dejar a nadie que llama sin su ayuda, que se transforma en casi terquedad u obstinación de hacerlo. Así que, el 28 de enero, en una mañana soleada y muy calurosa de esta pequeña ciudad, pero de gran corazón, un grupo de siervos se volvió a escuchar, como tantas veces y en tantos lugares, declarando "Aquí estoy yo".

 Photo by: Faculuz Fotografía (www.faculuz-fotografia.com)

Contar lo que pasó a partir de ahí es la historia que, a pesar de repetida, no pierde novedad. Cincuenta se transformaron en cien, cien en doscientos, así sucesivamente, hasta que alrededor de 350 voluntarios dijeron presente, tomando su lugar en la mies, para cumplir la misión. Albañiles, médicos, peluqueros, cocineros, enfermeras, limpiadores, choferes, músicos. 

Príncipes disfrazados de obreros con un meta clara y simple: Servir con amor a la ciudad que tanto nos esperaba, y mostrarles a través de ese amor, un amor mayor. Todos unidos, cada uno en su lugar, dispuestos a que cada persona que alcanzáramos tuviera una muestra de ello. 

Construcción, equipo médico, ropa, visitación, niños, carpintería, cocina, limpieza. Fue una verdadera fiesta de servicio y entrega. En cada rincón de la ciudad había alguien ofreciendo su ayuda en nombre de Jesús. Ya sea en la construcción de una casita de madera para una humilde familia, o en la pintura de los juegos para niños en una plaza central. Eran actos de amor para una ciudad que lo esperaba y los necesitaba. No solo por el hecho en sí, sino también por el mensaje de esperanza y unidad que anunciaba que no están solos, que no han sido olvidados. Para el día 31, cuando nos íbamos, había una sensación de alegría y ánimo en la ciudad, como si dijeran "cumplieron". El día final del evento, todos estábamos cansados, pero felices de no haber esquivado la responsabilidad, aún con poca fuerza y menos recursos, de decir sí.  Una vez más, Dios proveyó, Dios renovó, y nos permitió bendecir cientos de personas, por Su gracia.

 Photo by: Faculuz Fotografía (www.faculuz-fotografia.com)

Escribo esta ya desde mi casa. Han pasado algunos días desde que regresé, ya envuelto en mi rutina de trabajo y familia. Pero sigo con esa sensación de gratitud a Dios por este privilegio que tenemos aquellos que nos hemos animado a responder al llamado de Jesús de servir a las naciones y pueblos de la tierra. Por eso, cuando lo esperado era estar de paseo en una playa, nosotros estábamos en Guichón. Y por qué estábamos, fuimos testigos de el milagro de ver una ciudad tocada por Dios. Gracias a todos los que fueron parte, y hasta la próxima, que nuevamente, aunque parezca que no se puede, será en breve.

Dios les guarde.

 Photo by: Faculuz Fotografía (www.faculuz-fotografia.com)

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